Santuario Nuestra Señora  de la Merced

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hISTORIA DEL MILAGRO.

Origen de la fiesta en honor de nuestra señora LA VIRGEN DE LA MERCED.

Para el pueblo de Israel, en tiempos de Moisés, no hay fiesta más importante ni hermosa que la celebración anual de la pascua.

 

Para poder comprender mejor su hondo sentido recordemos que Israel quiso conservar viva esa experiencia gloriosa a lo largo de los siglos. Fue así como era responsabilidad de los padres contar a sus hijos cómo fue todo aquello. Debieron explicarles que sus antepasados vivieron esclavos de Egipto y conquistaron la libertad gracias al favor de Yahvé su Dios. No podían olvidarse de que si ahora eran libres era porque Yahvé les había liberado y eso exigía de ellos gratitud, compromiso y fidelidad… y era un don que tenían que defender.

 

Dice el libro del Éxodo: “Cuando tus hijos te pregunten el día de mañana que significa esto, le dirás: Dios, nos saco, con su mano fuerte, de la esclavitud de Egipto y por eso le damos gracias”.

 

Así como el pueblo de Israel, del Antiguo Testamento, se les pedía a los mayores explicar los motivos de esa festividad religiosa, así también nosotros, mayores de Isla de Maipo, queremos explicarles el porque de la gran Fiesta en honor a Nuestra Señora la Virgen de la Merced.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los habitantes de Isla de Maipo, eran a fines del siglo pasado, muy unidos y respetuosos de los designios de Dios, y el río, que en un comienzo fue si guardián protector, sintió envidia de la felicidad de esta comuna y violentamente decidió expulsarlos de sus dominios.

 

El Maipo, furioso, lanzó sus turbias aguas sobre aquellos desdichados seres destruyendo sus precarias viviendas cuyos moradores sólo tuvieron el tiempo necesario para refugiarse en la capilla, que tercamente resistía la avalancha aterradora de árboles arrancados de cuajo por el caudal enloquecido que aumentaba en cada instante, llenando de terror a esos intrépidos que veían llegar su fin irremediablemente, no teniendo otra alternativa de salvación a su favor que elevar plegarias al cielo pidiendo la protección celestial estas se encaminaron en forma muy especial hacia la Virgen de la Merced, única imagen existente en la capilla.

 

¡Oh, Virgen Santísima! Exclamaban los afligidos Isleños

¡Sálvanos! ¡Sálvanos! ¡Sálvanos Santa Señora!

 

Mientras las aguas rugían, los que allí estaban suplicaban… aumentaba el terror a medida que pasaban los minutos.

 

Súbitamente surgió un murmullo trasformándose luego, en una determinación firme y sincera, hasta convertirse en un Juramento que estaban dispuestos a cumplir ellos y contárselo a sus descendientes a través de los tiempos.

 

Esta era una PROMESA en la cual se comprometían POR SIEMPRE “Celebrarle todos los años una grandiosa fiesta en honor de la Virgen, llamándola, desde el instante que se realizara el milagro, que el río buscara un cause alejado del pueblo, PROTECTORA DE LOS ISLEÑOS”

 

¡Será la fiesta más grande y bella de toda la región!

 

Decían.

 

“La llevaremos en nuestros propios hombros y con bailantes Chinos, igual que en Naltahua y El Monte.

 

Replicaron otros.

 

Pero será necesario llevar la imagen a la Puntilla de Lonquén  porque ese es el lugar donde el río se desborda con mayor ímpetu.

 

 

Interrumpieron otros.

 

La dejaremos allí, entonces, y si mañana el río toma otro rumbo, alejado del pueblo, consideraremos que un milagro se ha cumplido en esta tierra.

 

Gritaron a coro los afligidos Isleños, que sentían el efecto del caudal en los muros de la frágil capilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Afortunadamente en el patio se encontraban algunos caballos que buscaron refugio allí. Sin pensarlo dos veces, pues la tarde llegaba a su fin, un grupo de huasos colocaron en una angarilla la sagrada imagen. Montaron en los animales dispuestos a desafiar la corriente, entonando cánticos religiosos, preocupados porque el agua les llegaba a las cincha de los caballos. Buscaron los lugares más secos hasta llegar a la Puntilla de Lonquén.

 

Desde esa altura vieron consternados ese mar desbocado que amenazaba con borrar del mapa el pueblo y sus sectores.

 

Rezan hincados frente a la Virgen y reafirman la PROMESA hecha por todos en la capilla.

 

Dejaron la imagen en aquel lugar retornando, luego al templo, donde esperarían el milagro o morirían ahogados irremediablemente junto a sus seres queridos.

 

Aquella noche fue interminable, humanamente aterradora…

 

Al clarear el día pudieron ver que las aguas se habían retirado como por encanto.

 

 

¡EL MILAGRO SE HA CUMPLIDO!

 

 

 

 

 

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Decían. Y ellos eran testigos auténticos de la bondad de Dios por intermedio de su buena Madre, Maria de la Merced.

 

La reacción inmediata fue abrazarse llorando y emprender en procesión, la búsqueda de la imagen dejada en la Puntilla la tarde anterior.

 

Allí el espectáculo que presenciaron quedaría grabado en sus retinas para siempre.

 

El río se mostraba aún mas violento que el día anterior y su rabia la había emprendido contra las montañas del cordón de Aculeo, convirtiendo su hermosa forma natural, en una sola gran isla.

 

El anda de la Virgen, alzada hasta los hombros curtidos de esos valientes campesinos que giraron, para que Nuestra Señora contemplara su obra y viera a este pueblo agradecido, de rodillas, jurar que cumplirían la PROMESA hecha, en medio de la angustia, el día anterior.

 

Cada año, mientras exista nuestro pueblo de Isla de Maipo, el domingo siguiente del 24 de Septiembre, la Santísima imagen de Nuestra Señora de la Merced, será llevada en anda por las calles del pueblo (jamás en vehículo) siendo precedida por bailantes Chinos y seguida por toda la comunidad.

 

Han pasado 119 años, e incansablemente en la fecha indicada, los Isleños de hoy, seguimos cumpliendo el JURAMENTO de nuestros mayores.